al igual, las pinceladas malvas
del alba, que traen al fin el sueño
a mis párpados perezosos
esas,…también son mías.
Es mío el calor que en la noche
se deposita en el sexo
mientras duerme ausencias.
Es mío el recuerdo de tu tacto
imponiéndose a la mirada de los ojos,
ascendiendo a los montes de mi mapa
marcados cortafuegos,
por la presión de tus dedos.
La rotundidad de mi vientre es mía,
el verde desde el que te miro
ese que era tu océano es mío.
El aliento escapado de entre mis labios
semiabiertos, expirando suspiros,
continuamente pronunciando,
convenciéndome, de que no me perteneces,
ese...ese desaliento, también es mío.
Todo es mío menos tú,
y menos yo… que soy tuya.
