
De repente
se me mudó la voz
en grito.
Sin tu amor, la condena,
la pena.
De soledad por tu ausencia,
llena.
En tu silencio sordo
mi locura.
Sin tu puerto de caderas
perdida.
De repente
se me partió el alma
por frágil.
Se me desnudó la piel
sin tu abrigo.
Se presentó el estío
a destiempo.
Náufraga del color
quedé nocturna.
De repente
se desalojó la vida
por derribo.
Se silenció tu voz
diáfano lamento.
Embriagada y muerta en vida.
De repente
Doña Nadie de Cobarde,
sin ti, mi vida
Sin ti.