una a una las letras de tu nombre.
Las descompongo,
altero / desaltero
y te designo.
Te has cobijado tú;
bajo el arbóreo malva de la aurora
escuchas el canto del ave que cuelga,
un jardín imposible de balcones.
Las calles empedradas de Verona
circunscentran los muros Capuleto.
Vistoso el baile aquel
donde rostros ocultos
tan sólo asomaban por los ojos
enmascarados,
enmascarando…
Las palmas de las manos
extendidas hasta rozarse,
buscando el orgasmo de tacto tibio
que se ahogara en las entrañas,
único habitáculo de nuestra peculiar Verona.
Allí, donde es posible,
Verona sigue luciendo radiante,
sin ti y sin mí…
grumetes enrolados,
desplegamos velas hacia Itaca.
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