ESPALDA DE PAPEL

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Cádiz, Andalucía, Spain
canastera de versos, alma de mujer... deseo tener las alas de la poesía. Espero de ti amigo lector, me sigas por este mundo mágico de la palabra. Aquí mis sueños, aquí mis desvaríos desde la cordura y la locura de ese alma que pretende no serte ajena. Espalda de papel. A flor de agua. Con el alma en pie. Blog© 2008

miércoles, 23 de septiembre de 2009

¡Chiquillo cierra los ojos!




¿Quieres verme sonreír?
¡Chiquillo cierra los ojos!
cierra los ojos, recuerda
aquel día que portando
un canastito de fresas,
me acompañaste el camino
desde la huerta a mi puerta.

¡Qué luz tenía ese día!
qué tranquilo sopló el viento,
qué cristalino iba el río
qué reposado en su lecho.

Y tú charla que te charla,
y yo sonriendo y sonriendo,
nerviosos tirabuzones,
en espiral por mis dedos.

Madura estaba la fruta
en mi adolescente pecho;
madura estaba la fruta,
y yo apenas sin saberlo.

Tú seguiste con tu charla,
yo los oídos atentos.
Reflejándose en tus ojos,
una chiquilla sonriendo.


¡Qué corto se hizo el camino
quedando el huerto tan lejos!

viernes, 21 de agosto de 2009

La piel que cubre mis versos



Si tu pasión me arañase
la piel que cubre mis versos,
me sangrarían despacio
gota a gota los te quiero.
¡Cuántas las palabra blancas!
¡Cuántos los soníos negros!
Que si tu amor trae el día
van mis noches padeciendo,
como viudas esposas
entre dolores y duelos.
¡Ay, de este amor que aprisiona
en la cárcel de los miedos!
Qué larga la madrugada
para este cuerpo sin dueño,
que arañado con pasión
me va desangrando a versos!
Cuánta soledad a solas
pa tormento del tormento.

viernes, 12 de junio de 2009

Sin ti

Sin ti,
mi poesía dará vueltas,
en la esquina del papel, será volutas,
espirales de humo gris.

Sin ti,
el verso se me hará perezoso
como párpados nocturnos de niño.
Mientras escucha mi canto de tinta china,
le besaré las rimas
y meceré sus estrofas con caireles y soníos
del romancero gitano;
por dormirlo…tan sólo por dormirlo
y que no me duela tanto
que no me miren sus ojos.
A la nana nanita…
nanita ea…
A solas con Federico se duerme mi verbo.

Sin ti,
mi poesía monócroma, náufraga del color
con la rima al cuello
se me ahoga.

Sin ti ,
tutú de estrellas y zapatillas de luna,
bailo de puntillas ante el viejo reloj de pared
que quiebra mis deshoras.

Sin ti, corazón, abandono mi piel de mujer
y regreso al acuoso elemento de mis lágrimas.

Con el alma en pie
sin versos y sin vida,
sin color ni melodía…
SIN TI.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Para que me reconozcas

Para que me reconozcas, tengo todo el tiempo del mundo.
Viviré mientras tanto, esta noche inconclusa
a jirones desgarrada.
Fingiré la inocencia del gamo sediento junto a un río de fauces,
que no se sabe en peligro,
y bebe.
Sosegaré con tus versos leídos desde lejos,
el dolor que no calman estas horas cinceladas, preciosísimas
a recuerdos.
Sostendré la pesada carga de amar a solas
siendo las alas del amor tan leves,
como las leves alas, son de las mariposas.
Piénsame tú mientras tanto, la mirada a las claras del día,
los párpados cerrados ante la noche del beso.
Piénsame tú los pechos desnudos, blancos,
llenos... rotundos entre tus manos.
Piénsame serena,
o altiva, como velamen henchido de vientos favorables.
Piénsame de labios sedientos y aliento por profanar.
Piénsame las manos que esperan y mídeme las fuerzas arreciando temporales.
La espalda recia, el deseo, la ternura quebradiza…
Ve pensándome tormento de mis tormentos; Y así, de poco en poco,
de aquí a que me reconozcas, en tus adentros, lugar de las verdades,
yo habré crecido a tu medida.
Para cuando me reconozcas por entero,
tendré de ti la forma , los pensamientos;
de mi, tan sólo la mujer y las mil y una noches venideras,
a jirones inconclusa.

lunes, 13 de octubre de 2008

Romance del rey ultrajado.



El rey cetro y corona,
puso a los pies de su amada.
Por regios que los tenía,
por nobles de sus pisadas.
Construyó magno castillo
en la vega de Granada,
y elevole santuario
donde velarle las armas.
Nuca estuviera el buen rey
más alejado de espadas
que en el tálamo nupcial
entre sábanas de holanda.
Más ella de humilde moro
vino a quedarse prendada,
y ya no quiso grandezas
ni las joyas, ni a sus damas,
ni rica capa de armiño
de mostacillas bordada.
Bajo la luz de la luna,
los dos amantes soñaban:
ella que era vaquera,
él, un pastor de cabañas
que desde el alto del cerro
con péñola de ganso alba,
le transcribiera un romance
cual perlas de moaxajas.
A los oídos del rey,
llegó la ofensa tamaña.
Deambulaba enajenado
desde la almena a su cama
recorriéndole la frente
el tinte que tornó en cana…
una negrura de sangre
que por sus poros brotara.
Rondando estaba la muerte
con su afilada guadaña.
Y al rey diole consejo:
¡qué concretara venganza!
Entre agónicos sollozos
su locura la asfixiara,
que no quiso darle muerte
la cordura enamorada.
Doña Tránsito la lleva,
a grupas de yegua flaca.
El rey plañe sus penas
sobre una tumba cristiana
donde resuena de noche,
una voz ultramundana,
que entremete llanto y risas,
a los versos de una jarcha.



Nota de la autora. Se ruega al lector evalúe este texto tan sólo, como pieza literaria que tímidamente quiere aproximarse al romance tradicional. Queda aquí expresada mi rotunda repulsa a la violencia de género.

jueves, 21 de agosto de 2008

Lo que es mío

Son mías las madrugadas de insomnio,
al igual, las pinceladas malvas
del alba, que traen al fin el sueño
a mis párpados perezosos
esas,…también son mías.

Es mío el calor que en la noche
se deposita en el sexo
mientras duerme ausencias.

Es mío el recuerdo de tu tacto
imponiéndose a la mirada de los ojos,
ascendiendo a los montes de mi mapa
marcados cortafuegos,
por la presión de tus dedos.

La rotundidad de mi vientre es mía,
el verde desde el que te miro
ese que era tu océano es mío.

El aliento escapado de entre mis labios
semiabiertos, expirando suspiros,
continuamente pronunciando,
convenciéndome, de que no me perteneces,
ese...ese desaliento, también es mío.

Todo es mío menos tú,
y menos yo… que soy tuya.


domingo, 3 de agosto de 2008

El leve peso de mi almohada

Anoche,
coloqué la almohada sobre mi cuerpo.
La abracé tan estrechamente
que hasta me pareció sentirle latidos por dentro.
Yo no sabía que las almohadas tienen corazón.

Anoche,
abarcando su ternura entre mis piernas
le fui musitando mis silencios,
se invadió de ellos el aire que nos separaba,
zozobraba inquieto por nuestros costados.
tan estrecho se hizo el contacto…

Anoche,
abrazada a mi almohada
entre el jergón y ella jadeaba un desconsuelo.
Anoche, mientras me comía mi almohada a besos,
bajo su leve peso creí morir de soledad.
Yo desconocía que las almohadas consuelan y aman
como nadie en este mundo.